Una noche en Quito que no olvidaré
Quedamos en un bar de La Mariscal sin muchas expectativas. Él era puntual, limpio y directo: quería una noche, yo también. Subimos al hotel cerca de Amazonas y en el ascensor ya había química. En la habitación nos besamos con prisa, nos desnudamos sin teatro y follamos con protección y mucho deseo. Cambiamos de postura un par de veces, reímos entre jadeos y después compartimos agua en silencio. Al amanecer nos despedimos sin drama. Fue sexo de una noche perfecto: claro, respetuoso y caliente. Aún recuerdo el olor de su cuello y el ruido lejano de la avenida.
FELICITACIONES amiga , se nota que te encanta el sexo , me gustaria conocerte 0995 245 791 charlemos si gustas